domingo, 23 de junio de 2013

Capítulo 3



Está recostado a un lado de la entrada y si, definitivamente tiene esa su pose de chico malo.

—¡Tierra llamando a Yhelena!

Volteo hacia mi hermano. —¿Qué?

—Regresa, dios, prácticamente estabas babeando hace dos segundos y créeme, quiero y aprecio demasiado mi auto, para que vengas a ensuciarlo por ese idiota. 

—Uno: él no es un idiota, Dos: no estaba babeando por él, es más, jamás lo haría.

—Aja. —Replica rodando los ojos.

—Alex, ¿podría alguien en su sano juicio, sentir algo por quién fue el novio de la chica que muy gustosamente se acostó, revolcó, follo y dios sabe que cosas más con mi ex novio que en ese momento todavía no tenía la palabra ex?—lo miro muy fijamente, con mi mirada de “no me mientas”.

—Bueno, no.

—Exacto.

—Pero si lo miras de esta manera, él no es Jane, a él también lo engañaron, ustedes podrían desarrollar una relación después de eso, tal vez por despecho, por comodidad, por simpatía, por sentirse de la misma manera, podrían conectar… yo que sé.

—¿Has estado fumando algo?

—Ugh ¿no?

—¿Tomando algo?

—Tampoco.

—Bueno pues o un alíen secuestro a mi verdadero hermano o tu imaginación se esta desarrollando de una manera alarmante. ¿Cómo siquiera puedes pensar eso? Si. nuestra interacción, porque no es una amistad y dejo claro que tampoco una relación, empezó por eso, pero luego Daniel estuvo ahí para mí, cuando tan sólo necesitaba la presencia de alguien conmigo, es más, creo que ni lo conozco bien, no hemos hablado mucho, tengo idea de cómo es su personalidad y me agrada, pero nada más.

—Tal vez… mira, ¿yo qué sé? Creo que estoy delirando, tengo pánico de entrar por esas puertas.

Miro hacia la entrada, esas puertas gigantescas de madera, con un estilo gótico contemporáneo. ¿Quién no?

—No puede ser tan malo. —digo en lugar de pedirle que encienda el auto de nuevo y nos lleve de regreso a casa.

—Si puede serlo —contesta viendo su reloj. —Si llegamos tarde.

Mierda.

Es cierto, ya ni le digo adiós cuando salgo del auto y cierro la puerta un poco más fuerte de lo necesario. Dejando a Alex a su suerte, pero no me preocupo, él tiene su grupo de zorras/admiradoras y a sus compañeros de su banda.

Esquivo a todo aquel que se cruza en mi camino y sino logro hacerlo con éxito, mis bolsos hacen el trabajo por mí y los quita de mi camino. Estoy a sólo unos diez pasos para llegar a Daniel cuando me detengo abruptamente. ¿Cómo lo saludo? ¿Qué le digo? El semestre pasado éramos sólo conocidos, sabíamos de la existencia del otro, pero casi nunca interactuábamos, pero ahora las cosas han cambiado, las circunstancias son tan diferentes que hace 3 meses.

Ahora camino despacio, no me importa llegar tarde. La manera en la que nos hablemos y tratemos ahorita dependerá como será nuestra relación —diablos, no es una relación— dentro de la academia.

—Hola —digo tontamente.

—Hola —me contesta con una sonrisa arrogante, me encanta su fachada de chico malo, con su típica chaqueta negra, pantalones rasgados azul oscuro, una playera blanca y lo que más me gusta… su cabello castaño que me recuerda al chocolate largo, no tan largo pero si lo suficiente para cuando quiere, lo puede recoger en una cola. Siempre lo molesto con su “cola de conejo” ya que lo que se le forma muy difícilmente lo podríamos llamar “cola de caballo”. Sonrío, no puedo creer que esté aquí en la entrada de la academia con el chico que llego a la puerta de mi casa a reclamarme que mi novio —ahora ex— se había acostado con su novia —ahora también ex— ¿y si no podía ponerle un bozal —sólo que no en la boca, dejo que deduzcan donde— a Max?

Creo que estaba muy desesperado, porque cuando le conteste replicando que yo no era quien para estar detrás de Max y que si él era un idiota, era “él” no yo, o quizás me hace una idiota no haberme dado cuenta que clase de persona era cuando nos hicimos novios, pero eso no se lo dije, en cambio le explique que si fuera una desesperada, que actuaba sin pensar —una indirecta para él— hubiera llegado antes a su puerta a reclamarle; porque no pudo mantenerle las piernas cerradas a su novia, cosa que no hice, ni pensé en hacer. Se quedo callado por lo que creo fue una eternidad y luego de repente empezó a reír, pienso que se dio cuenta del ridículo que estaba haciendo ahí parado, reí tan fuerte que me contagio y terminamos riendo a carcajadas juntos, supongo que esa fue la última vez que realmente reí sinceramente, porque minutos después llego la policía… 

—¿Entramos? —dice Daniel sacando me de mis recuerdos.

—Claro —digo pasando a su par, —¿Pero que demonios?—me volteo hacia él, me acaba de tomar de la mano, ¿Por qué? Pero sólo me sigue arrastrando por el pasillo, trato de zafarme.  

—Cálmate, nos estaban viendo —Volteo no muy disimuladamente a la entrada y ahí están: Max y Jane fulminándonos con la mirada, demonios, como quisiera zafar mi mano de la de Daniel y mostrarles el dedo medio, ¿Cómo se atreven siquiera a vernos después de lo que nos hicieron? Y ahora que la mayoría a nuestro alrededor vieron nuestro intercambio de miradas asesinas, tenemos toda su atención. 

Esto será un hervidero de chismes para la hora del almuerzo o incluso antes, puesto que nadie lo sabia ya que ese par tuvo la decencia de hacer su desfachatez el último día de clases, así que quedo entre los cuatro, hasta ahora.

—¿Cómo se atreven a presentarse el primer día ya como pareja? —digo con una voz que no reconozco como mía.

—Porque son unos idiotas, que piensan que ya pasaron 3 meses y ya no pasa nada y sus hámsters no corren lo suficientemente rápido como para captar que todos aquí en la academia no ha pasado tanto tiempo, ya que ellos los vieron terminar las clases como Max y Yhelena, asumían verlos entrar el primer día igual y no como Max y Jane.

—Dios, cállate, hasta sus nombres riman. —digo sintiendo que me empieza a doler la cabeza.

—Vamos, no es el fin del mundo, tu sabes que existen cosas peores —lo dice con una voz suave, diciéndome más de lo que sus palabras son. 

—Tienes razón. —Suspiro. —Las hay. —Pero eso no hace que esto sea más agradable, ni cause menor dolor, es quizás de menos magnitud, pero ahí está, acompañando al dolor más grande.  Mamá e hijo dolor. ¡Maldición, duele! Puedo sentir las lágrimas queriendo cubrir mis ojos.

—¡Shhh! Todo va estar bien —Daniel inclina mi cara para mirarme a los ojos, puedo ver que se debate en abrazarme como lo ha hecho estos últimos 3 meses, pero me alejo antes que incluso se decida, estamos en la academia, mis problemas se han quedado en la puerta, ahora solo lidiare con la academia y el jugoso chisme Max. Sólo.

—Nos vemos después ¿Esta bien? —digo ya alejándome de él.

—No importa qué un mensaje y ahí estaré ¿bien? —sólo le doy un asentimiento, no sé si puedo hablar sin que se rompa mi voz a estas alturas, lo veo irse haciendo su camino entre todos, incluso dejando empujado a unos cuantos, es lindo, detrás de esa su fachada, tiene corazón.

—¿Que fue eso? —pregunta Clare detrás de mi, me volteo muy muy despacio, y si, me dejando saber solo con su mirada que oyó todo o bueno lo último. Te podría engañar al verla a simple vista, parece muy inocente incluso aparenta ser muy joven para estar en la academia pero no es así, ella es el prototipo que todo chico sueña, bueno eso creo, ¿Qué sé yo? Su cabello es rizado,  rubio y la admiro porque puede pasar toda una mañana agitada y ni un rizo sale de su lugar, y sus ojos son de color azul claro y ahorita me están exigiendo una respuesta, Clare puede ser dura cuando quiere.

—¿Nada? —contesto insegura.

—Eso no fue ni es nada, porque Max esta con Jane en la entrada dando un gran espectáculo en demostraciones de afecto en publico.  

Bueno eso lo puedo responder, lo demás no, pero esto definitivamente lo puedo manejar. Así que empiezo a contarle todo lo que Max hizo y como lo deje cuando me enteré, mientras nos dirigimos a nuestras clases.   




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