Está
recostado a un lado de la entrada y si, definitivamente tiene esa su pose de
chico malo.
—¡Tierra
llamando a Yhelena!
Volteo
hacia mi hermano. —¿Qué?
—Regresa,
dios, prácticamente estabas babeando hace dos segundos y créeme, quiero y
aprecio demasiado mi auto, para que vengas a ensuciarlo por ese idiota.
—Uno:
él no es un idiota, Dos: no estaba babeando por él, es más, jamás lo haría.
—Aja.
—Replica rodando los ojos.
—Alex,
¿podría alguien en su sano juicio, sentir algo por quién fue el novio de la
chica que muy gustosamente se acostó, revolcó, follo y dios sabe que cosas más
con mi ex novio que en ese momento todavía no tenía la palabra ex?—lo miro muy
fijamente, con mi mirada de “no me mientas”.
—Bueno,
no.
—Exacto.
—Pero
si lo miras de esta manera, él no es Jane, a él también lo engañaron, ustedes
podrían desarrollar una relación después de eso, tal vez por despecho, por
comodidad, por simpatía, por sentirse de la misma manera, podrían conectar… yo
que sé.
—¿Has
estado fumando algo?
—Ugh
¿no?
—¿Tomando
algo?
—Tampoco.
—Bueno
pues o un alíen secuestro a mi verdadero hermano o tu imaginación se esta
desarrollando de una manera alarmante. ¿Cómo siquiera puedes pensar eso? Si.
nuestra interacción, porque no es una amistad y dejo claro que tampoco una
relación, empezó por eso, pero luego Daniel estuvo ahí para mí, cuando tan sólo
necesitaba la presencia de alguien conmigo, es más, creo que ni lo conozco
bien, no hemos hablado mucho, tengo idea de cómo es su personalidad y me
agrada, pero nada más.
—Tal
vez… mira, ¿yo qué sé? Creo que estoy delirando, tengo pánico de entrar por
esas puertas.
Miro
hacia la entrada, esas puertas gigantescas de madera, con un estilo gótico
contemporáneo. ¿Quién no?
—No
puede ser tan malo. —digo en lugar de pedirle que encienda el auto de nuevo y
nos lleve de regreso a casa.
—Si
puede serlo —contesta viendo su reloj. —Si llegamos tarde.
Mierda.
Es
cierto, ya ni le digo adiós cuando salgo del auto y cierro la puerta un poco
más fuerte de lo necesario. Dejando a Alex a su suerte, pero no me preocupo, él
tiene su grupo de zorras/admiradoras y a sus compañeros de su banda.
Esquivo
a todo aquel que se cruza en mi camino y sino logro hacerlo con éxito, mis
bolsos hacen el trabajo por mí y los quita de mi camino. Estoy a sólo unos diez
pasos para llegar a Daniel cuando me detengo abruptamente. ¿Cómo lo saludo?
¿Qué le digo? El semestre pasado éramos sólo conocidos, sabíamos de la
existencia del otro, pero casi nunca interactuábamos, pero ahora las cosas han
cambiado, las circunstancias son tan diferentes que hace 3 meses.
Ahora
camino despacio, no me importa llegar tarde. La manera en la que nos hablemos y
tratemos ahorita dependerá como será nuestra relación —diablos, no es una
relación— dentro de la academia.
—Hola
—digo tontamente.
—Hola
—me contesta con una sonrisa arrogante, me encanta su fachada de chico malo,
con su típica chaqueta negra, pantalones rasgados azul oscuro, una playera
blanca y lo que más me gusta… su cabello castaño que me recuerda al chocolate
largo, no tan largo pero si lo suficiente para cuando quiere, lo puede recoger
en una cola. Siempre lo molesto con su “cola de conejo” ya que lo que se le
forma muy difícilmente lo podríamos llamar “cola de caballo”. Sonrío, no puedo
creer que esté aquí en la entrada de la academia con el chico que llego a la
puerta de mi casa a reclamarme que mi novio —ahora ex— se había acostado con su
novia —ahora también ex— ¿y si no podía ponerle un bozal —sólo que no en la
boca, dejo que deduzcan donde— a Max?
Creo
que estaba muy desesperado, porque cuando le conteste replicando que yo no era
quien para estar detrás de Max y que si él era un idiota, era “él” no yo, o quizás me hace una idiota
no haberme dado cuenta que clase de persona era cuando nos hicimos novios, pero
eso no se lo dije, en cambio le explique que si fuera una desesperada, que
actuaba sin pensar —una indirecta para él— hubiera llegado antes a su puerta a
reclamarle; porque no pudo mantenerle las piernas cerradas a su novia, cosa que
no hice, ni pensé en hacer. Se quedo callado por lo que creo fue una eternidad y
luego de repente empezó a reír, pienso que se dio cuenta del ridículo que
estaba haciendo ahí parado, reí tan fuerte que me contagio y terminamos riendo
a carcajadas juntos, supongo que esa fue la última vez que realmente reí
sinceramente, porque minutos después llego la policía…
—¿Entramos?
—dice Daniel sacando me de mis recuerdos.
—Claro
—digo pasando a su par, —¿Pero que demonios?—me volteo hacia él, me acaba de
tomar de la mano, ¿Por qué? Pero sólo me sigue arrastrando por el pasillo,
trato de zafarme.
—Cálmate,
nos estaban viendo —Volteo no muy disimuladamente a la entrada y ahí están: Max
y Jane fulminándonos con la mirada, demonios, como quisiera zafar mi mano de la
de Daniel y mostrarles el dedo medio, ¿Cómo se atreven siquiera a vernos
después de lo que nos hicieron? Y ahora que la mayoría a nuestro alrededor
vieron nuestro intercambio de miradas asesinas, tenemos toda su atención.
Esto
será un hervidero de chismes para la hora del almuerzo o incluso antes, puesto
que nadie lo sabia ya que ese par tuvo la decencia de hacer su desfachatez el
último día de clases, así que quedo entre los cuatro, hasta ahora.
—¿Cómo
se atreven a presentarse el primer día ya como pareja? —digo con una voz que no
reconozco como mía.
—Porque
son unos idiotas, que piensan que ya pasaron 3 meses y ya no pasa nada y sus
hámsters no corren lo suficientemente rápido como para captar que todos aquí en
la academia no ha pasado tanto tiempo, ya que ellos los vieron terminar las
clases como Max y Yhelena, asumían verlos entrar el primer día igual y no como
Max y Jane.
—Dios,
cállate, hasta sus nombres riman. —digo sintiendo que me empieza a doler la
cabeza.
—Vamos,
no es el fin del mundo, tu sabes que existen cosas peores —lo dice con una voz
suave, diciéndome más de lo que sus palabras son.
—Tienes
razón. —Suspiro. —Las hay. —Pero eso no hace que esto sea más agradable, ni cause
menor dolor, es quizás de menos magnitud, pero ahí está, acompañando al dolor
más grande. Mamá e hijo dolor.
¡Maldición, duele! Puedo sentir las lágrimas queriendo cubrir mis ojos.
—¡Shhh!
Todo va estar bien —Daniel inclina mi cara para mirarme a los ojos, puedo ver
que se debate en abrazarme como lo ha hecho estos últimos 3 meses, pero me
alejo antes que incluso se decida, estamos en la academia, mis problemas se han
quedado en la puerta, ahora solo lidiare con la academia y el jugoso chisme
Max. Sólo.
—Nos
vemos después ¿Esta bien? —digo ya alejándome de él.
—No
importa qué un mensaje y ahí estaré ¿bien? —sólo le doy un asentimiento, no sé
si puedo hablar sin que se rompa mi voz a estas alturas, lo veo irse haciendo
su camino entre todos, incluso dejando empujado a unos cuantos, es lindo,
detrás de esa su fachada, tiene corazón.
—¿Que
fue eso? —pregunta Clare detrás de mi, me volteo muy muy despacio, y si, me
dejando saber solo con su mirada que oyó todo o bueno lo último. Te podría
engañar al verla a simple vista, parece muy inocente incluso aparenta ser muy
joven para estar en la academia pero no es así, ella es el prototipo que todo
chico sueña, bueno eso creo, ¿Qué sé yo? Su cabello es rizado, rubio y la admiro porque puede pasar toda una
mañana agitada y ni un rizo sale de su lugar, y sus ojos son de color azul
claro y ahorita me están exigiendo una respuesta, Clare puede ser dura cuando
quiere.
—¿Nada?
—contesto insegura.
—Eso
no fue ni es nada, porque Max esta con Jane en la entrada dando un gran
espectáculo en demostraciones de afecto en publico.
Bueno
eso lo puedo responder, lo demás no, pero esto definitivamente lo puedo
manejar. Así que empiezo a contarle todo lo que Max hizo y como lo deje cuando
me enteré, mientras nos dirigimos a nuestras clases.